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¡MILAGRO DE LA VIRGEN!

Miguel Juan Pellicer, nacido en Calanda (Teruel), era un mozo de diez y nueve años, hijo de Miguel Pellicer, labrador pobre, y de María Blasco, su mujer.

            Trabajaba en Castellón de la Plana, al servicio de su tío Jaime Blasco; y cierto día tuvo la desgracia de caerse ante un carro cargado de trigo, cuya rueda le aplastó la pierna derecha.

            Le llevaron al Hospital de Valencia, donde no acertaron a curarle. Suplicó entonces que le llevaran al Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza y así lo hicieron.

            Llegado dos meses después del accidente a esta ciudad, lo primero que hizo fue presentarse en el Templo del Pilar, confesarse y comulgar, suplicando a Nuestra Señora que le favoreciese en su pena.

            Cuando ingresó en el hospital tenía fiebre. Eran los primeros días de Octubre de 1.637. Le ingresaron en la sala de cirugía y empezaron el tratamiento. “Y aunque le aplicaron diversos medicamentos, no aprovecharon: porque la pierna estaba muy mala, flemorizada. Y dañada y se puso negra, y dichos cirujanos resolvieron que no tenía remedio si no la cortaban; que de otra suerte moriría”. Los cirujanos que le cortaron la pierna por debajo de la rodilla se llamaban Juan de Estanga y Millaruelo.

            Así dice el proceso completísimo que se hizo poco después, firmado con juramento por numerosos testigos. Y añade luego:

            “Dieron una bebida al dicho Miguel Pellicer, y luego trataron de cortar como cortaron la dicha pierna derecha de aquél, cuatro dedos más debajo de la rodilla, y se la cauterizaron, encomendándose siempre el paciente a Nuestra Señora del Pilar, implorando su auxilio en tan gran trabajo. Uno de los practicantes tomó en sus manos la dicha pierna cortada y la mostró a diversas personas y la llevó a la capilla, en donde se depositan los cadáveres para enterrarlos en el cementerio del dicho Hospital, en el cual fue enterrada.”

            Cicatrizada la herida, quedó tan débil Pellicer que no podía “ni ayudarse de pierna de palo, y llevado de su devoción a Nuestra Señora del Pilar, se fue arrastrando como pudo de rodillas a su santa capilla, y le dio gracias… suplicándole fuese servida de ampararle para poder vivir con su trabajo. Todos los días entraba en la santa capilla, oía Misa, y se encomendaba a la Virgen Santísima del Pilar, rogándole se apiadase de él”.

            Le quedaba dolor en la pierna y se “untaba donde lo tenía con el aceite de una lámpara de la Virgen”.

            Así llegó el año 1.640. Deseoso de ver a sus padres, después de tan larga ausencia, marchó a Calanda, su pueblo natal. Llegó tras un viaje penosísimo. Tenía entonces 22 años.

            Al gozo de sus padres por verle, se unió la pena de tener un hijo inválido.

            Miguel, montado en una jumentilla, se iba por los pueblos pidiendo limosna para ayudar en algo a sus padres; “teniendo siempre grande memoria en sus trabajos de exclamar a la Virgen del Pilar, y rogarle con afecto le amparase”.

            El 29 de Marzo trabajó en la era; y por la noche le dolía mucho la pierna enferma con el ejercicio que había hecho. “La mostró desnuda a los vecinos de la casa de sus padres y a otros muchos, y tocaron con sus manos el corte de la pierna”.

            A eso de las diez, “se quitó la pierna de palo que llevaba” y se acostó en una cama improvisada a los pies de la de sus padres, pues soldados venidos al pueblo ocuparon la suya.

            “Se encomendó muy de veras a la Virgen Santísima del Pilar, y luego le dio un grande y profundo sueño. Sus padres de allí a un cuarto de hora, entraron en el aposento, y olieron una fragancia y olor a suave no acostumbrado allí, y con la luz de un candil que llevaban reconocieron a su hijo, y vieron que tenía dos piernas, que por ser camilla corta, salían fuera de la ropa”.

            “Y maravillados y pasmados con tan grande novedad y maravilla, despertaron a Miguel, dándole voces, y diciéndole que viese tenía dos piernas y que les dijese cómo había sido aquello. Se despertó con harta dificultad por estar muy dormido, y dijo que el no lo sabía, que cuando lo despertaron estaba en un sueño muy profundo y soñaba que estaba en la Santa Capilla de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, untándose la pierna enferma con el aceite de una lámpara...y que se veía con pierna...y que tenía por cierto que la Virgen del Pilar se la había traído y puesto”.

            “Llamaron a los vecinos, y todos se admiraron de ver a Miguel con la pierna derecha, habiéndole visto sin ella poco rato...y tocaron y vieron la dicha pierna”.

            En medio de la alegría y la gratitud, el joven curado “para saber si era su pierna la restituida, dijo a sus padres y a los dichos vecinos que mirasen si había señal en la dicha pierna derecha de la herida y rotura a la espinilla...y otras dos señales de rasguños de romero que había recibido yendo por el monte...por lo cual tuvieron por cierto que era aquella la misma pierna que le cortaron en el hospital..., y todos dieren muchas gracias a Dios Nuestro Señor y a la Virgen Santísima del Pilar por la merced que les hacía”.

            Al día siguiente, viernes, dijo una Misa de acción de gracias el vicario de Calanda; asistió Miguel por su pie y se confesó y comulgó, “alabando todos a Dios Nuestro Señor y a la Santísima Virgen del Pilar”.

            Tres días después, el 2 de abril, el párroco del vecino pueblo llamado Mazaleón, prudente y previsor, al enterarse del suceso, quiso comprobarlo. Para eso requirió al notario del mismo Mazaleón, Don Miguel Andreu, con el cual se presentó en Calanda. El notario levantó acta ante testigos. Se conserva el original, en el cual se describen las señales que acreditan la identidad de la pierna restituida con la que había sido antes enterrada. También se conserva todo el protocolo notarial de Mazaleón, en aquel año de 1640.

            El 5 de Junio de 1640 se incoa proceso formal en el Tribunal Eclesiástico de Zaragoza, a instancia de los Jurados de la Ciudad, del Consejo y de Universidad, y el 27 de abril de 1641, dicta sentencia el arzobispo Apaolaza, en los siguientes términos: “Con el parecer y consejo de los infrascritos ilustres Doctores..., decimos, Pronunciamos y Declaramos que a M.J. Pellicer le ha sido restituida milagrosamente su pierna derecha que antes le habían  cortado”. Se conserva en 72 folios manuscritos la copia literal del proceso, que los mismos notarios del Tribunal suscribieron para el Cabildo de Zaragoza.

            Este es el famosísimo “Milagro de Calanda” obrado por Nuestra Señora del Pilar a favor de un pobre labrador que la invocaba con filial confianza en medio de su desgracia.

            Es un milagro de primer orden. Porque restituir una pierna, enterrada hacía dos años y medio, es más que curar un tísico o un paralítico...

            Es el milagro de la resurrección de la carne; y está tan bien documentado, que negarlo será llamar noche al día.

            El mismo Rey Felipe IV hizo que Pellicer fuese a Madrid,  le oyó con gran interés la relación  del suceso y besó reverentemente la pierna restituída por la Virgen del Pilar.

            Confía en María; sírvela, ámala, y también tú, lector mío y hermano mío, dirás por experiencia propia: ¡Oh Virgen de vírgenes! Ninguno de los que acuden a tu protección e imploran tu socorro, es desamparado por Ti.

José Julio Martínez S. J.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

AÍNA NAVAL, Leandro

“El milagro de Calanda a nivel histórico”

Imprenta Tipo-Línea, S.A.

Zaragoza, 1.972

 

GARCÍA MIRALLES, Fray Manuel O.P.

“Historia de Calanda”

Tip. Artística Puertes, S.L.

Valencia, 1.969

 

MESSORI, Vittorio

"El gran milagro"

Planeta Testimonio (Agotado)

 

DOMINGO PEREZ, Tomás

El milagro de Calanda y sus fuentes históricas

Caja de Ahorros de la Inmaculada

Zaragoza, 2006

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