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NOVENA  AÑO  2012 a  Nª  Sª  DEL  PILAR   (al pinchar se descargará un archivo Word a pie de página)

NOVENA AÑO 2011  A  Nª  Sª  DEL  PILAR

DIA 1º

Escuchamos la palabra de Dios

II Sam. 7, 4-5; 12-14;16  (Lecc. V pág. 36)

Evangelio según San Mateo: 1, 18b - 25

 

María, la madre de Jesús, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo. José, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

Pero apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de los pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa “Dios con nosotros”).

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor, y se llevó a casa a su mujer. Y sin que él hubiera tenido relación con ella, dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Jesús.

Invocación a María

 

María, esposa de José, templo del Espíritu Santo, ayúdanos a escuchar los consejos que nos dan.

María, tú que has llevado el Verbo dentro de ti y que, con José tu esposo, no lo habéis guardado para vosotros solos, ayúdanos a llevar a Jesús a nuestro entorno.

 

El sueño de José

 

Hay una canción que dice: “Iré al final de mis fantasías donde la razón se acaba…” ¿Son opuestas la fantasía y la razón? (ej:Pegaso, caballo volador –– animal-vertebrado-herbívoro-ungulado-equino-caballar-yegua)  ¿Dónde colocar los sueños? En la Biblia vemos que a veces el Señor se dirige a sus amigos en sueños o visiones. Sus profetas, como Ezequiel; sus justos o sus fieles, como José, saben escuchar un sueño divino y ponerlo en práctica. Escucharlo es responder con su vida.

¡El sueño! Viene cuando José se tiene como justo delante de Dios. Llega cuando ya no sabe cómo interpretar el misterio de María encinta. Entonces, Aquel que se ha hecho carne en el vientre de su Esposa, se hace presente a José: “No temas en llevar a casa a tu esposa”. Acogiendo a María, José acoge también a Jesús, en ella. Dios pide esta hospitalidad a José.

 

Frente al sueño – la razón, la Ley permitía al hombre casado levantar un acta de repudio contra su esposa, incluso por un motivo insignificante. Era echada del domicilio conyugal, y podía volver a casarse. Y una novia, embarazada de otro hombre, debía ser repudiada o apedreada.

José es un hombre “justo”, es decir, que vive según la voluntad de Dios. Quiere hacer algo por salvar a su esposa. Va a aplicar la ley desvinculando a su esposa del contrato matrimonial que les une, aunque en secreto.

Pero como es “justo”, acepta la inimaginable revelación por un sueño: María es verdaderamente su esposa, él será verdaderamente el padre y protector de su hijo. Hoy diríamos que asume sus responsabilidades con discernimiento y sabiduría confiando en Dios.

José es un hombre valiente que dice “si” en la noche de la fe al plan increíble de Dios que “el ángel del Señor le revela”. Vence muchas dificultades y arriesga todo. “Acoge a su esposa en su casa”. Más tarde se le negará un sitio en la posada; después, para salvar a su hijo de la locura de Herodes huirá con su familia a Egipto; en el templo, en Jerusalén, con María, viendo a Jesús hablar con los doctores de la Ley aceptará humildemente no entender nada.

José nos muestra lo que es un “justo” según Dios, un verdadero sabio.

El ángel del Señor trajo el anuncio a María y le respondió: “hágase en mí según su Palabra”. Es un “si” a la vida. María concibe del Espíritu Santo: en ese mismo instante Jesús, el Verbo, la Palabra de Dios se hizo carne.

José no hizo preguntas al ángel. Su respuesta estuvo en la acción: “…hizo lo que el ángel del Señor le había prescrito: “…tomó a su esposa en su casa…” José es un hombre silencioso, pero que sabe tomar las decisiones correctas en el momento preciso.

El doble “hágase” de María y de José, que han aceptado obedecer la voluntad de Dios, da cuerpo a la realidad del nacimiento de Jesús y de su desarrollo en el seno de una familia humana.

Reflexión para nuestra vida

 

José tuvo el privilegio de recibir y de guardar en su corazón confidencias divinas. Dios ha puesto su confianza en él. Frente a todos los escollos que encuentra cualquier familia, siempre ha respondido a la confianza de Dios con fidelidad.

Nuestro vivo deseo es acoger a Jesús como lo hizo José. Hoy, por la fe, sabemos que Jesús está presente entre nosotros. Si alguien se pregunta por su fe, o si duda, puede encontrar la luz a través de una palabra o la actitud de un miembro de la comunidad cristiana.

Como José, aquel o aquella que duda se puede beneficiar de la oración de los otros y de la inspiración del Espíritu Santo adquirida en la confianza.

A veces nos quedamos sin respuesta ante la ansiedad de los jóvenes sin porvenir.  ¿Sabemos reconfortarles para que tengan confianza en ellos mismos, en sus padres, en los educadores? Algunos jóvenes necesitan acompañamiento de los adultos en su vida de relación para ayudarles a asumir su responsabilidad como jóvenes padres o madres. El Papa Juan Pablo II les dijo: “no temáis”. ¿Estamos dispuestos a hablarles así, como el Santo Padre?

José no pidió ninguna prueba para creer lo que le dijo el ángel. ¿No podríamos imitarle, aceptando que se haga la voluntad de Dios, como lo expresamos en el Padre Nuestro “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo?

A la escucha de la Palabra, María y José, acogiendo a Cristo, nos enseñan a quedarnos en el “si” que hace vivir.

Estamos a la escucha de nuestro Salvador; pero ¿estamos dispuestos a hacer la voluntad de Dios como María y José? ¿Qué es lo que verdaderamente quiere decir eso para cada uno de nosotros?

María y José nos muestran el camino de la obediencia inteligente y dócil a los signos del Espíritu Santo. A la luz de la fe ¿sabemos discernir los acontecimientos que sobrevienen en nuestras vidas? ¿Podríamos ayudar a otros a discernir los signos de Dios?

 

Oración de alabanza e intercesión

 

1. “Este es mi Hijo amado: escuchadle” Jesús, te pedimos por los jóvenes desorientados en su adolescencia. Déjanos aconsejarles para que tengan confianza en Ti y en la Iglesia. OREMOS.

2. Te confiamos también a los sacerdotes, a los catequistas y a los religiosos que acompañan a los jóvenes en el camino hacia la Verdad. OREMOS.

3. En cada instante de nuestra vida te buscamos. Enséñanos a decir con confianza y transmitir a nuestros hijos y nietos la única oración que nos has dejado: el “Padre nuestro”. OREMOS.

4. Virgen María, con José os habéis amado como dos fieles esposos a su vocación. Proteged hoy nuestras familias y que vuestra intercesión nos haga siempre más fieles a nuestros compromisos. OREMOS.


NOVENA A Nª Sª DEL PILAR

 

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DIA 2º

Escuchamos la palabra de Dios

 

(I Sam. 2, 1-10 Cántico de Ana)

Sof.3, 14-18(lecc. V pág. 72)

Evangelio de San Lucas 1, 45-55

 

Isabel se llenó del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: “¡Dichosa tú, que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció”.

María dijo entonces: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque se ha fijado en la humildad de su esclava; desde ahora me felicitarán todas las generaciones.

El Poderoso ha hecho grandes obras por mí; ¡su nombre es santo! Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón.

Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre.”

 

Invocación a María

Oh, María, enséñanos a rezar, a dar gracias como tu, a Dios nuestro Padre, por tu Hijo Jesús.

Oh, María, haz que descubramos la presencia de tu Hijo y guardemos su Palabra en nuestros corazones.

 

La Visitación

 

¿Qué se dicen las dos madres cuando se encuentran? Lo hemos escuchado en el Evangelio. Nos sorprenden: no hablan primero de sus hijos; ellas dan gracias. Sí, dos madres se encuentran dando gracias. Estas madres nos despiertan la actitud justa que hay que tener ante una situación maravillosa: ¡la acción de gracias!

 

Con María queremos meditar hoy el “Magnificat”, el canto de acción de gracias de la Virgen María y entrar en el espíritu de un texto que nos sumerge en el corazón del misterio de Dios.

Este “mes del Rosario” y de las “misiones”, en esta Novena del Pilar, agradecemos con júbilo la realización de las promesas, el cumplimiento de las expectativas del pueblo de Dios.

 

Reflexión acerca del misterio

 

En la Anunciación el ángel no dejó a María sola con sus interrogantes. Le habló de su prima Isabel y María va a compartir con ella su alegría y su secreto.

Como el Cántico de Ana (I Samuel 2, 1-10) del que toma modelo, este himno expresa lo que María siente en lo más profundo de sí misma. Las dos son conscientes de representar al pueblo escogido.

El motivo de la alabanza es la respuesta al Anuncio. Es un canto mesiánico que expresa la esperanza del pobre. María alaba al Señor. Sabe que por su “si” puede comenzar la obra de la salvación. Nada en ella estorba la libertad de Cristo que, por ella, puede estar unido a la humanidad entera. Ella puede regocijarse, pues su deseo de la venida del Señor se ha otorgado, la cabeza de la serpiente va a ser aplastada, la nueva alianza se va a concluir. María es consciente de lo que representa a los ojos del Señor, para atreverse a afirmar: ”Me felicitarán todas las generaciones”.

A este amor que produce maravillas, María responde según la tradición de Israel, bendiciendo el nombre del Señor, proclamando su santidad. Si, “Santo es su nombre”. Para María se ha obrado la salvación, las promesas hechas a Abraham se han cumplido. Precisamente por la santidad de su nombre, Dios es fiel a su ternura a pesar de las infidelidades de su pueblo.

Su amor se extiende de generación en generación para aquellos que le temen”. El temor de Dios no es el miedo sino la conciencia de la infinita grandeza y la omnipotencia divina que inspira a la vez respeto y confianza. El “temor de Dios” de los cristianos no es “el espíritu de servidumbre”, sino un sentimiento justificado por el “espíritu de adopción filial”; el espíritu de los hijos por su Padre celestial. “El amor perfecto excluye el miedo”.

Dispersa a los soberbios”: la ternura de Dios se manifiesta particularmente a favor de los pobres y de los pequeños. María pasa de su caso de pobreza personal al caso del pueblo amado de Dios, del que ella aparece como una imagen y un símbolo.

         “Auxilia a Israel, su siervo”: favor de Dios para Israel, que es su hijo predilecto, su “siervo” escogido para ser su testigo entre las naciones.

         “En favor de Abraham”: esta comparación de María con Abraham es iluminadora: él es el padre de los creyentes. Todavía hoy en las tres religiones monoteístas, judíos, cristianos y musulmanes, lo tenemos como patriarca.

         Dios se ha comprometido con una promesa y María acoge su cumplimiento. Para los cristianos estas promesas son el Reino, la Gracia de Cristo, la vida eterna. Dios es siempre fiel a su promesa.

 

Reflexión para nuestra vida

 

El cántico de María expresará siempre los sentimientos más profundos del alma orante. Hay un tiempo para buscar la verdad, para descubrir ante Dios nuestras responsabilidades, para implorar a Dios y servirle. Al final comprendemos que todo es gracia, Dios busca lo pobre y débil para levantarlo y exaltarlo. Entonces sólo nos queda la acción de la gracia: estamos salvados en el corazón del mundo.

Una explosión de alegría hace saltar el corazón de María. Debemos compartirla.

Nuestro mundo a menudo es lúgubre, más sensible al sufrimiento, a la tristeza. ¿Cómo hacer descubrir a todos las razones de esperar y estar alegres?

Por otra parte está la mirada de Dios. Sólo le hace falta “echar una mirada” para crear, transformar, transfigurar. Esta mirada es la expresión misma de la gracia que se nos propone. Acojamos el fruto de la promesa y de la esperanza. ¿Cómo progresar bajo la mirada de Dios? Y luego ¿sabemos mirar al otro con ojos nuevos que descubran siempre más allá de lo aparente?

Aprendamos a vivir bajo la acción de la gracia. Tenemos todas las razones para cultivar la gratitud y la alegría de estar salvados. En nuestra vida personal, en nuestros hogares, en nuestras asociaciones, es preciso considerar nuestras razones para dar gracias. Busquémoslas.

María encuentra su lugar en la historia de las maravillas hechas por Dios a su pueblo en su misericordia. La “misericordia de Dios” es la ternura para su pueblo y para todos los pecadores. Sobre aquel que se reconoce pecador, Dios derrama torrentes de amor.

Quienes ponen la alegría en el cielo son los pecadores arrepentidos, los humildes. ¿Nos reconocemos pecadores?

Seamos por nuestra parte misericordiosos y llenos de piedad. Seamos cercanos a los desdichados y reconozcamos en ellos el rostro de Cristo.

 

Oración de alabanza e intercesión

 

Como María y con ella, alabemos y bendigamos el nombre del Señor.

 

1. Te damos gracias, Señor, pues has hecho por nosotros grandes cosas. Inspira en nosotros hacer siempre tu voluntad. OREMOS.

2. Te damos gracias por nuestra Iglesia y nuestra Parroquia que nos transmiten la Palabra y nos enseñan a guardarla en nuestro corazón. Ilumina a los sacerdotes, lectores, catequistas, profesores cristianos, padres y educadores. OREMOS.

3. Gracias, Señor, por haber hecho de nosotros, por el bautismo, hijos testigos de tu amor. Ayuda a los niños a crecer en la fe. OREMOS.

4. Señor, danos la admiración de María y que su vida sea cada día nuestro modelo. OREMOS.

5. Que María de la Visitación nos ayude a acoger mejor, a amar a todos aquellos que visitemos y encontremos. OREMOS.

6. Y que la Santísima Virgen nos guarde en su humildad y en su corazón de madre. OREMOS.

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NOVENA A Nª Sª DEL PILAR

DIA 3º

Escuchamos la palabra de Dios

Del libro de Isaías 9, 1-6 (lecc. V pág. 148)

Mt. 1, 18-23 (lecc. V pág. 166)

 

El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa, los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: gozan en tu presencia, como se goza en la siega, como se alegran los que se reparten el botín. Porque la vara del opresor, el yugo de sus cargas, su bastón de mando los trituraste como el día de Madián. Porque la bota que pisa con estrépito  y la capa empapada de sangre serán combustible, pasto del fuego.

Porque un niño nos ha nacido, nos han traído un hijo: lleva el cetro del principado y se llama “Milagro de consejero, Guerrero divino, Jefe perpetuo, Príncipe de la paz”. Su glorioso principado y la paz no tendrán fin, en el trono de David y en su reino; se mantendrá y consolidará con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

 

Invocación a María

Virgen María, a quien ha elegido Dios antes de nacer para llevar en el seno a su Hijo, intercede por nosotros. Pídele un gran número de conversiones: en nuestras familias, en nuestros pueblos. Que cada uno se deje acercar por Jesús, luz de las naciones.

Virgen María, luz hermosa, claro día, tú que has traído al mundo al Hijo de Dios, enséñanos a contemplarlo en su humildad.

Virgen María, toda santa, llena de gracia, madre nuestra, enséñanos la alabanza de Dios. Enséñanos a amar al prójimo, a unirnos a tu hijo Jesús.

 

El nacimiento de Jesús

Desde siempre, los métodos del verdadero Dios no cesan de desconcertarnos. Guerras, opresiones, ruinas: el pan de cada día de la actualidad mundial. Pero el sufrimiento del mundo, bien conocido por la humanidad, no desemboca en la desesperanza, sino en la aurora de una infancia. Todo niño que nace es una esperanza nueva para un mundo envejecido. Y cuando Dios se hace niño, el nuevo sol se eleva sobre el mundo.

Reflexión acerca del misterio

 

El profeta Isaías, siete siglos antes de nuestra era, nos ofrece este escrito mesiánico que hemos escuchado en la 1ª lectura. El pueblo judío, pueblo de Dios, en ese tiempo está deportado. La época del exilio de Babilonia es un tiempo propicio para la maduración de su fe. Subraya que, a pesar y a través de los sufrimientos de la vida, puede haber allí una fecundidad, una purificación verdadera.

La victoria sobre Madián evoca, en el libro de los Jueces (7, 9-15), el episodio en el que Dios ha librado por manos de Gedeón a Madián y todo el campo enemigo. El pueblo judío es un pueblo pequeño frente a un gran ejército. Por eso la victoria ya se ha dado antes incluso del combate, pues Dios realizó su obra en el corazón de los enemigos.

Más allá de sus sufrimientos, desdichas y pruebas, el profeta trae un mensaje muy grande de esperanza: “El amor invencible de Dios todo lo vencerá”.

El pueblo caminaba en tinieblas: En el Antiguo Testamento significa que el pueblo caminaba hacia la tierra prometida sin tener nada claro. Dios les mostraba el camino. En este oráculo, Isaías anuncia un día en el que el Señor traerá la liberación  los deportados.

 Al mismo tiempo anuncia el reinado pacífico de un niño de estirpe real, el Emanuel, luz que alumbra al mundo. Esta luz resplandeciente es Dios hecho hombre. Viene bajo la apariencia de un niño. Viene a traer la paz a los pequeños, a los pobres, a los oprimidos. Una paz duradera y una fidelidad eterna. Este pueblo pasa de la opresión a la liberación. ¡Qué cambio!

La enseñanza de la Iglesia nos hace ver en este niño “Maravilloso-Consejero y Príncipe-de-la-Paz” a nuestro salvador Jesús, el Dios que se rebajará hasta tomar nuestra condición humana.

        

Reflexión para nuestra vida

Misterio de la Encarnación: Dios viene bajo la apariencia de un niño, ¡se presenta vulnerable! Se hace hombre para que el hombre pueda descubrirle. Entra en la vida concreta, en medio de nosotros, haciéndose uno de nosotros.

Es llamado “Dios-Fuerte” pero ¡vaya contraste con un niño vulnerable! Su fuerza reside en el Amor. “Ved lo que hace el amor invencible del Señor”.

Cuando nosotros mismos estamos en las tinieblas, en las situaciones de sufrimiento o pruebas, nos dirigimos al Señor en la oración. Entonces, la paz que nos da ¿no brilla como una luz, como una presencia en nuestra noche?

Este “Príncipe-de-la-Paz” que se nos ha dado nos llama a ponernos manos a la obra para regenerar la paz en nuestro entorno. No hay paz sin justicia, por eso tengamos el coraje de compartir.

¿Es Jesús nacido de María el símbolo de la paz? ¿Es una esperanza dada al mundo? Entre todos busquemos gestos concretos que podríamos hacer para aportar más paz a nuestro alrededor.

Dios se propone, jamás se impone. El, el Todopoderoso, al darnos libertad de elección, es injuriado cuando dejamos que el mal triunfe. Estemos atentos a todo lo que pueda injuriar o herir  a nuestros hermanos y a ponernos del lado de los pobres e indefensos, a defenderles, pues ellos son especialmente el objeto de atención de la Iglesia.

 En la Iglesia, muchos voluntarios ofrecen su tiempo a la causa de Cristo. De esta forma aportan alegría, traen la paz y la esperanza.

Si en nuestras luchas personales y colectivas obedecemos la voz de Dios, El trabaja por medio de nosotros.

Creamos que el “enemigo” siempre es vencido de antemano. Tengamos confianza en El.

 

Oración de alabanza e intercesión

 

Oh, Dios nuestro, por amor nos envías a tu Hijo. ¡Bendito seas!

 

1. Los hombres ejercen el poder, a menudo constatamos el efecto sobre los más débiles, sobre los más pequeños. ¡Líbranos, Señor, del espíritu dominador! OREMOS.

2. Tengamos la convicción de que nada debe ser tenido por imposible. Cuando tenemos dificultades pidamos la ayuda de los enviados de Dios, de los Ángeles del Señor, nuestros ángeles de la guarda. En su compañía levantemos las manos para rezar o cantar. OREMOS.

3. María, tú eres nuestra Madre. Quédate con nosotros para que acojamos la paz, como tú acoges  tu Hijo. OREMOS.

4. María, estás con nosotros para rezar a tu Hijo Jesús: le confiamos, para que los presente al Padre, a todos los opresores y oprimidos del mundo. OREMOS.

5. Le confiamos los millones de personas, de hermanos que pasan hambre en la tierra, los que no tienen techo. Danos el coraje de convertirnos en hermanos capaces de sentir indignación, con la audacia de reclamar los derechos, la justicia para la “viuda y el oprimido” y para todos los humildes. OREMOS.

 


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NOVENA A Nª Sª DEL PILAR

DIA 4º

 

Escuchamos la palabra de Dios

Hb. 2, 14-18  (lecc. V pág. 19)

Evangelio de San Lucas 2, 25-33

 

Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre horado y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo. Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. Movido pues por el Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al Niño Jesús para cumplir con Él lo mandado por la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:

“Ahora, Señor, ya puedes dejar a tu siervo irse en paz, según prometiste. Pues mis ojos han visto tu salvación, que has preparado para todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.

Los padres del Niño se quedaron atónitos por lo que se decía de Él.

Palabra de Dios.

Invocación a María

 

Santísima Virgen María, con José llevaste al Templo a Jesús, luz para todas las naciones. Haz que lleguemos a ser, en tu Hijo, niños de luz para irradiar la paz.

Amadísima Virgen, has presentado tu Hijo al Templo como una ofrenda pura. Acepta nuestros corazones como ofrenda de hijos agradecidos.

Virgen María, has llevado en brazos la verdadera luz. Haz que por tu presencia aquí entre nosotros, en este templo, esta luz brille sobre nosotros e ilumine nuestras vidas.

 

Presentación del Señor.

                           

En Febrero celebramos de diferentes maneras la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo. Fiesta llamada “la Candelaria”, en relación al cántico del anciano Simeón: “Luz de las naciones y gloria de Israel”, y por las candelas que se bendicen y llevan en procesión. Los cristianos orientales llaman a esta fiesta “el encuentro”

Es el encuentro del Señor Jesús con dos fieles muy ancianos, pero también con todos aquellos que después de mucho tiempo han esperado al Mesías como la gloria de Israel; con aquellos, jóvenes y viejos que, hasta el final de los tiempos le reciban como luz de las naciones.

Después de este encuentro Simeón se puede “ir en paz”. Acojamos en nuestro interior esta paz.

 

 

Reflexión acerca del misterio

 

Con la presentación de Jesús en el templo se cumplen las promesas de Dios. Los humildes, los pobres de Dios, el tal Simeón, esperaban con oración y ayuno al Mesías prometido a Israel, y lo vemos que viene a traer la salvación y la paz.

Toda la vida del viejo Simeón, confiando en su Dios, se ha pasado escuchando al Espíritu, estudiando las promesas divinas. Reconoce, en el Niño, al Mesías esperado por Israel y también la luz para las naciones paganas. Con Jesús el Mesías se abre una nueva era, la luz es para todos los pueblos.

En el umbral del Templo de Jerusalén parecen encontrarse dos cortejos: el de la antigua Alianza, con la imagen de Simeón, en una espera secular; y el de la nueva Alianza, con José y María a la cabeza, llevando al Hijo de Dios. En torno a Jesús todo se cumple y todo comienza. Simeón es el último vigilante de la antigua Alianza al alba de la venida del Mesías. Tomando en sus brazos al recién nacido que ha reconocido, se dirige directamente a Dios, comprende que su misión de vigía ha llegado a su fin. Simeón ve en este bebé que toma delicadamente en sus brazos, la promesa de una vida nueva para la humanidad.

El reconocimiento de Jesús se lleva a cabo en la paz. Haciendo la paz se ve al Príncipe de la paz. Simeón es confortado en su esperanza y puede morir en paz pues sus ojos han visto la luz que se revela a todas las naciones.

Este pasaje del evangelio de San Lucas reviste toda una solemnidad. Desde que Simeón ve a Cristo, habla de su propia muerte, recibiendo una profunda alegría que le inspira un cántico de acción de gracias. Jesús, la luz nacida de la luz, es la verdadera luz que ilumina a todo hombre que llega a este mundo. Luz que viene a nuestro encuentro para que, como Simeón, encontremos una paz verdadera, la que debemos ofrecernos unos a otros.

Reflexión para nuestra vida

 

Simeón puede irse en paz porque ha acogido la salvación traída por Jesucristo. La promesa se ha visto cumplida en su vigilancia. Se ha producido el encuentro esperado.

Ahí llega, por fin, el bebé presentado por María: ¡el principio tan nuevo, tan claro, tan puro! Es la fuente de la vida eterna, abierta a cualquiera que ponga su esperanza en el Señor.

Como Jesús, niño llevado hacia Dios, nosotros mismos debemos presentarnos completamente a El, ofrecer nuestra vida para que El la llene de su vida, abandonarnos para dejarnos purificar por El, santificarnos. ¿Tenemos deseos de encontrarnos con Jesús? ¿Hacemos posible este encuentro a través de los acontecimientos de la vida y a los ojos de los otros?

Pero para ver a Jesús primero hay que dejarse mirar por el.” (Juan Pablo II)

¿Alguna vez hemos vivido, gracias al Evangelio, una liberación interior, una liberación como la que evoca Simeón?

El sacramento de la reconciliación nos aporta la paz. Sabemos que requiere un esfuerzo por nuestra parte, pero ¿pensamos que nos es indispensable? Porque Dios nos trata con misericordia, nuestro corazón está en paz ¿Podemos decir que algunas de nuestras reconciliaciones o algunos perdones fraternos se le parecen? Simeón ha visto al Mesías, puede irse en paz. Si el Señor nos llamase hoy ¿estaríamos en paz para partir?

Jesús viene a nuestra vida, nos visita, nos da su paz y nos aporta salvación. Nos envía a los demás. Abramos nuestros ojos y nuestro corazón en favor de todos, primero de nuestros prójimos, de los miembros de nuestra comunidad cristiana. Todos tienen sed de reconocer la paz de Cristo por nuestras palabras y por nuestros actos. Seamos para todos luz de Cristo y conoceremos la paz interior.

¿Está nuestra vida iluminada por la meditación de la Palabra, por la oración, por el cuidado de los demás? La paz es un don recibido, un don compartido, un don para compartir.

 

Oración de alabanza e intercesión

 

1. Señor Jesús, te damos gracias por la salvación y la luz que traes a las naciones. Te pedimos por los cristianos llamados a transmitir al mundo tu luz. OREMOS.

2. Señor, ayúdanos irradiar la paz, estando atentos a los que te necesitan, a veces sin saberlo. OREMOS.

3. Señor, anímanos a ir regularmente a encontrarnos contigo en la Misa, entrar a la iglesia de nuestra parroquia a visitarte y adorarte. Que sintamos amor por tu casa. Haz que reconozcamos tu iglesia como un lugar de gracia y de paz. OREMOS.

4. María, en nuestra comunidad parroquial acogemos contigo el Evangelio. Contemplamos a través de tu mirada la vida de tu Hijo. Es en verdad una buena noticia que da luz a nuestras vidas. OREMOS.

5. Virgen del Pilar, te confiamos nuestra oración. Danos la paz de saber que estamos bien cuidados por Ti. OREMOS.

 

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NOVENA A Nª Sª DEL PILAR

DIA 5º

Escuchamos la palabra de Dios

Rm. 8, 31b-39  (lecc. V pág. 102)

Evangelio según San Lucas: 2, 41-52

 

Sus padres iban cada año a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando era ya de doce años, al subir sus padres, según el rito festivo, y volverse ellos, acabados los días, el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo echasen de ver. Pensando que estaba en la caravana, anduvieron un día de camino. Le buscaron entre los parientes y conocidos, y al no hallarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.

Al cabo de 3 días le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles. Cuantos le oían quedaban estupefactos de su inteligencia y de sus respuestas.

Cuando sus padres le vieron quedaron sorprendidos y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué has obrado así con nosotros? Mira que tu padre y yo, apenados, andábamos buscándote. Y El les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les decía.

Bajó con ellos y vino a Nazaret, y les estaba sujeto, y su madre conservaba todo esto en su corazón. Jesús crecía en sabiduría y edad y gracia ante Dios y ante los hombres.

 

Invocación a María

 

Virgen María, la vida de Jesús tu Hijo te la llenado, pero a menudo te ha sorprendido e inquietado: tú guardabas todas estas cosas en tu corazón.

En los acontecimientos desconcertantes de nuestras vidas ayúdanos a tener confianza en Dios nuestro Padre.

Acompáñanos a lo largo de esta meditación y muéstranos cómo hacer su voluntad.

Jesús perdido y hallado en el templo

 

Os invito a acercaros al relato evangélico de San Lucas que presenta el encuentro de Jesús en el templo (Lc. 2). Encontraréis allí la primera palabra de Jesús. A los doce años faltó a la compañía de sus padres; éstos le buscaron inquietos: es normal. Le encontraron en el templo de Jerusalén. Ahora bien, Jesús se extrañó de la preocupación: ¿No sabíais que debo estar en las cosas de mi Padre?

Ahí estamos confrontados a la preferencia de Jesús. Buscábamos un Jesús a nuestro gusto. Pero nos sorprende. ¡Y esto no es más que el principio! Siempre nos sorprenderá. Aquí para decirnos su relación con el « Abbá-Padre » de quien El es Hijo eterno, nacido de la Virgen María, y de quien José será ante el Padre el santo educador. « Estas cosas » de las que habla Jesús son « estar en la casa del Padre ». Haciendo esto nos invita a hacer otro tanto.  ¿Estamos nosotros en las cosas del Padre?

Importa al Hijo de Dios estar con su Padre; pero « necesita » también estar en casa del pecador, Zaqueo. Para Jesús, Hijo de Dios, estar en la casa de Dios se vive a veces en el templo; pero también se vive haciendo saber a cada uno que es verdaderamente Dios y que es cada uno de nosotros.

Zaqueo se ha encontrado con Jesús en su casa y Jesús ha transformado su corazón. Virgen María, haznos acogerle en nuestra casa y situarle en preferencia. ¿Por qué no hacerlo? Tomemos conciencia de que hoy el Señor viene a quedarse en nuestra casa. Hoy Jesús viene a reunirse con nosotros.

 

Reflexión acerca del misterio

 

José y María observan la ley: suben cada año a Jerusalén para celebrar la Pascua judía. Ese año Jesús tiene 12 años, la mayoría de edad religiosa. A la vuelta de la peregrinación hay que añadir un acontecimiento: al atardecer José y María buscan al Niño entre los conocidos. El júbilo y la alegría de los padres se van a cambiar en angustia, en tristeza. María ha puesto ante Jesús la angustia de su padre, José.

Jesús en su respuesta recuerda que su Padre es Dios. Ese paso de “tu padre” a “mi Padre” es fuerte: se refiere a Dios y al misterio de Jesús. Provoca la incomprensión de sus padres.

Su madre guardaba todos estos acontecimientos en su corazón. A lo largo de toda su vida y hasta el momento de la muerte Jesús hará entrar a María en una fe más profunda. Jesús se ha ido solo, en ese camino que lleva a Jerusalén, como partirá solo para llevar su cruz. María vivirá sola la Pasión de su Hijo pues José ya no estará allí. Los tres días de búsqueda profetizan los tres días que Jesús estará en la tumba.

 

Reflexión para nuestra vida

 

La Palabra de Dios nos puede parecer desconcertante. Incluso hace que nosotros no la lleguemos a comprender. Quizá también nosotros busquemos a Dios allí donde no está.

Jesús precisará: “El Padre está en mí y yo estoy en el Padre”. Buscar a Dios se convierte en dejarse encontrar por El. “El nos busca más ardientemente que le podamos buscar nosotros mismos.”

La Palabra de Dios que meditamos ¿es verdaderamente una fuente para nuestra vida? ¿Nos dejamos enseñar por Jesús, por su actitud, por su Palabra? Jesús quiere darnos a entender que también nosotros debemos elegir a Dios.

El lema de Santa Juana de Arco era: “Dios, el primer servido”. Elegir a Dios es estar al servicio de su voluntad en todo momento de nuestra vida.

“¿Por qué nos has hecho eso?” ¿Cuántas veces también  nosotros hemos lanzado un grito ante una situación de sufrimiento?

Sólo en la oración podemos ofrecer sufrimientos sin lanzar reproches.

Jesús está en los asuntos del Padre y de nuestra Salvación, porque es el enviado del Padre. ¿Estamos nosotros en los asuntos del Padre y de nuestros hermanos? ¿Cuáles son nuestras prioridades?

Jesús volvió con sus padres a la casa de Nazaret. Volvió a su vida ordinaria.

Obedecía a María y José sin rechistar, guiado por el Espíritu, según la voluntad de su Padre.

 

Oración de alabanza e intercesión

 

La primera palabra pública de Jesús es “Padre”. La última será también “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Todo viene del Padre para volver al Padre por Jesús.

 

1. María, Señora de la sabiduría, haz que a ejemplo tuyo conservemos en nuestro corazón la enseñanza de Jesús y la meditemos. OREMOS.

2. Te confiamos a los maestros y sus alumnos, a los jóvenes que crecen en sabiduría y a los que gustan situaciones de fracaso. Haz que nunca desconfiemos y creamos siempre en los valores de los jóvenes. OREMOS.

3. Haciéndose uno de nosotros, Jesús ha aceptado crecer en todos los aspectos. Ayúdanos a crecer en santidad. OREMOS.

4. María, acompaña a los niños en su creencia, en su descubrimiento del Padre que les ama. OREMOS.

5. Oremos por los padres e hijos que viven unas relaciones difíciles. Que nuestro Dios y Padre escuche a aquellos que no hacen más que sufrir en sus relaciones diarias. OREMOS.

6. Hace 150 años Santa Bernardette vivió con María la alegría y la prueba. En su corazón florecía la sonrisa de María, la Virgen de Lourdes llevando su rosario. Que sea un apoyo para todos los pobres y humildes. OREMOS.

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NOVENA A Nª Sª DEL PILAR

DIA 6º

Escuchamos la palabra de Dios

 

Rom. 4, 13;16-18;22  (lecc. V pág. 37)

Evangelio según San Juan, 2, 1-11

 

Había una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda.

No tenían vino, porque el vino de la boda se había acabado. La madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le responde: “Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que El os diga”. Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones rituales de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo: « Llenad las tinajas de agua ». Las llenaron hasta el borde. Les dijo: « Sacad ahora y llevadle al maestresala ». Se lo llevaron y, después de probar el agua convertida en vino –él no sabía de dónde venía, pero los sirvientes sí, que habían sacado el agua–

El maestresala llamó al novio y le dijo: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando están ya bebidos el peor. Pero tú has guardado hasta ahora el vino mejor».

Este fue el primer milagro que hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria y creyeron en El sus discípulos.

Invocación a María

 

María, tú que has sido dócil a la palabra del ángel, guía hoy nuestra oración para que nos dejemos transformar por el Espíritu de tu Hijo.

María, tú que supiste apreciar discretamente en Caná las necesidades de todos, ayúdanos a estar atentos a las necesidades de nuestros hermanos.

María, tú conoces a todos, compartes nuestras alegrías, sufrimientos y penas. Tómanos de la mano. Haznos avanzar con confianza para realizar los proyectos que el Señor tiene para nosotros.

Las bodas de Caná

 

¿Habéis oído alguna vez una llamada como ésta? « Hoy tengo que quedarme en tu casa ». Al oír estas palabras unos pensaremos en un pasaje del Evangelio. Otros buscarán las circunstancias, los personajes, ¿quién sabe? Pero la formulación de la frase de Jesús nos sorprende.

Jesús necesitaba ir a casa de Zaqueo « tengo que » dice. Es chocante para Zaqueo y para la gente de Jericó, y una enseñanza para nosotros. Veamos otros momentos, como en Caná o en nuestra casa.

¡Por qué no en Caná! Conocemos el hecho: boda, falta vino, papel desempeñado por la Madre de Jesús, milagro, fe. Jesús está allí. Como en casa de Zaqueo, su presencia lo cambiará todo. Las cosas toman con El otra dimensión. Jesús manifestará su presencia, su divinidad, ante unos y otros.

Quien llama a Zaqueo e interviene en Caná viene a tu casa. ¿Pero por qué es necesario para El?

Lo podemos saber: las visitas a domicilio las esperan los que nunca las reciben. Pero si Jesús sabe que tiene que venir a nosotros, es porque lo ve desde lo alto: Dios conoce el valor de cada uno y sus posibilidades eternas. Lo que haga, él sólo lo podrá hacer.

¡Se invita en casa de Zaqueo! A petición de su madre ayuda a los amigos de Caná. ¿Ir a tu casa? Si, lo hará si respondes a su petición. Y a menudo será a través de ti que se invitará a entrar en el corazón del « prójimo ».

¡Acoge a Jesús! Que irradie en vuestras invitaciones. Que pueda quedarse en casa de los que todavía le desconocen. ¡Tanto tiene que decirles!

 

Reflexión acerca del misterio

 

Invitando a María a Jesús y sus discípulos ¿podría sospechar esta familia que iban a aparecer en la historia de la salvación? ¿Sospechan que Dios, en su misericordia, va a utilizar la falta de previsión de una persona para manifestar su presencia actuante en el mundo? Es de desear que una fiesta esté bien preparada, pero sucede que falta el vino: es una catástrofe para quien invita, pues el vino es parte de la fiesta.

María, mujer perspicaz, se da cuenta y no se queda indiferente. Como buena ama de casa, María ve el desarreglo de la familia anfitriona. Dice a Jesús: “No tienen vino”. La respuesta de Jesús: “Mujer, ¿y a mí qué?” puede parecernos una palabra fuerte. Por su parte, a María ¿podría parecerle una reacción de irritación de su Hijo? No sabemos. No interpretemos según nuestra sensibilidad actual. El texto no da lugar a interpretar los sentimientos. Podríamos pensar que Jesús busca interponer una distancia entre ella y él. Jesús está presente en este banquete. Pero, si está invitado en calidad de hijo de María, se revela como el que quiere dar la alegría al mundo.

“Haced todo lo que El os diga”. Gracias a la confianza de María, Jesús va a hacer su primer milagro en el transcurso de este banquete. ¿No es ese el mejor de los consejos? Lo hace seguido a un acto de fe magnífico, el de María, la primera de sus discípulos.

El vino ha corrido como un río. El don de Dios se da sin medida. El agua convertida en vino salva la fiesta. Las Bodas de Caná: primer milagro de Jesús, primer signo de su gloria, primicia de la gloria de Dios por su muerte en la cruz para salvarnos.

Reflexión para nuestra vida

 

La fiesta forma parte de la vida humana. ¿Cómo me comporto? ¿Aprovecharme y consumir egoístamente o abrir las puertas de casa a riesgo de ser invadida?

La atención y la mirada de María me devuelven al hoy de mi vida. A mi alrededor hombres, mujeres, jóvenes, están privados de trabajo, comida, cuidados, casa, respeto, educación o afecto. ¿Estoy siempre alerta para no quedar indiferente ante estos sufrimientos?

En Caná Jesús realiza la promesa de Dios de tener cuidado de los hombres. En los acontecimientos de mi vida ¿soy fiel a la vocación de hijo de Dios realizando las promesas de mi bautismo?

La confianza que María ha depositado en Jesús permitió que este banquete resultase una buena fiesta. Esta actitud puede incitarme a mantenerme confiado en las pruebas. El día ¿no lleva a la noche y la vida a la muerte?

Si mi grito no ha sido escuchado, si mi confianza ha sido a veces engañada o escarnecida ¿he recurrido al Señor y a María su madre para sacar de ellos la fuerza para hacer todo lo que me diga?

María no ha reclamado nada. No ha hecho más que constatar y tomar parte en lo que ella veía. Incapaz de solucionar por sí misma la necesidad, lo único que ha hecho es notificarlo a su Hijo. Y ha sido escuchada. Por mi parte, ¿no olvido que Dios quiere darme incluso lo que no pido explícitamente?

Jesús no se resiste a una llamada confiada. Dando el servicio pedido revela que es Hijo de Dios. Capaz de cambiar el agua en vino, es incluso capaz de cambiar nuestros corazones y devolverles la pureza y juventud del corazón de un hijo de Dios.

La diligencia de la Madre de Jesús me invita a expresar simplemente delante del Señor las deficiencias que siento, con la certeza de que no se hará el sordo y que María le estará diciendo lo que necesito.

Jesús ha aceptado la invitación de una familia. ¿Me atrevo a invitarlo a mi casa? ¿Le abro la puerta de mi corazón para que transforme mi vida?

Recibirle en la Eucaristía ¿no es una cita privilegiada? ¿No he banalizado  con demasiada frecuencia este encuentro?


 

Oración de alabanza e intercesión

 

Bendito seas, Señor, por haber escuchado la súplica de tu Madre. Bendito seas por acoger favorablemente nuestras oraciones hoy.

Bendito seas por tu primer milagro en Caná. Reconocemos tu poder.

Bendito seas, Señor, por todos los que han confiado y han dado su vida por servirte.

Bendito seas, Dios Padre, por habernos dado a tu Hijo para mostrarnos el camino del Reino.

Dios nuestro, Tú quieres que tu Iglesia forme un solo cuerpo. Deseas que tus hijos vivan la Unidad.

 

 

1. Te pedimos por nuestros hermanos protestantes, ortodoxos y anglicanos. OREMOS.

2. María, tú que nos has dado el Salvador, mira a tus hijos que sufren. OREMOS.

3. Mira los niños que no pueden ir al colegio, los jóvenes que no tienen trabajo, los que no son amados en su familia, los que son abandonados. OREMOS.

4. Mira las familias divididas, las parejas separadas, los padres mayores abandonados. OREMOS.

5. Mira los enfermos, los minusválidos, los heridos por la vida, los agonizantes… OREMOS.

6. Mira los miembros de los Equipos del Rosario dispersos por el mundo, especialmente los que pasan duras pruebas. OREMOS.

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NOVENA A Nª Sª DEL PILAR

DIA 7º

 

Escuchamos la Palabra de Dios

Apoc. 12, 1-6

Lc. 11, 27-28  (lecc. V pág. 141)

Apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Estaba en cinta y gritaba, torturada por los dolores del parto.

Apareció otra señal en el cielo: un enorme dragón rojo, con siete cabezas  y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios.

La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios para que sea alimentada allí durante 1.260 días.

Palabra de Dios.

 

Invocación a María

 

Oh María, madre de Jesús, tú le has llevado en los brazos y le has visto crecer. Madre de dolores, tú has recibido en los brazos su cadáver. La mañana de Pascua has oído la noticia y has creído… estabas en el cenáculo cuando el Espíritu llegó como un fuego. María, Madre de Cristo, danos a tu Hijo.

Oh María, Madre de infinita ternura, condúcenos a tu Hijo hasta el día que le veamos cara a cara, día que nos dirá: “Venid, benditos de mi Padre”.

 

Misterio de la Asunción

 

Llena de gracia, concebida sin pecado, María ha subido al cielo y, de generación en generación, la llamamos bienaventurada. El cántico del “Magnificat” recorre toda la vida de María hasta su Asunción, y todavía la Iglesia canta con ella, cada tarde en la oración de vísperas, en todas las lenguas.

María estaba presente en medio de los hermanos el día de Pentecostés. Hoy vamos a meditar en común esta presencia cercana a nosotros, con un pasaje del último libro de la Biblia: el Apocalipsis.

El lenguaje simbólico del Apocalipsis a menudo nos sorprende. Hay que hacer un esfuerzo para descifrarlo y alimentarse de el.

 

Reflexión acerca del misterio

 

Cuando se escribió el Apocalipsis, los discípulos de Cristo que predicaban un Evangelio de amor y de paz eran perseguidos. Por eso, como su fe era más fuerte que el miedo al martirio, no se ve en este libro ninguna angustia frente a la desdicha, sino confianza en Cristo salvador, en Cristo vencedor. Por eso San Juan escribió al comienzo de su libro: “Dichoso quien lee, dichosos los que escuchan as palabras de esta profecía…” (Apoc. 1,3)

La palabra profecía tiene su sentido bíblico: Aquí debe entenderse como “revelación de una palabra que viene de Dios” y no como anuncio de un suceso venidero. El texto habla de signos. Un signo está hecho para significar algo. ¿Qué pueden significar para nosotros estos signos?

Para empezar, tenemos ese signo “prodigioso” de una mujer luminosa como el sol y que está gritando en sus dolores, como es natural. ¿Quién es esta mujer? ¿Es Eva que pare con dolor o es la Virgen María vestida de sol, como nos invita a pensar una relectura cristiana de este texto? ¿Es la imagen de un pueblo elegido que engendra con dolor al Mesías y a la Iglesia? ¿O es nuestra madre la Iglesia puesta a prueba en el desierto?

“La interpretación marina no se opone al sentido eclesial del texto, ya que María es figura de la Iglesia” (J. Pablo II, marzo 2.001)

Enseguida aparece otro signo: un enorme dragón coronado como un rey que impone su ley y quiere devorar al niño que va a nacer. ¿Qué es este dragón coronado? ¿Es el príncipe de este mundo, la fuerza del Mal, Satanás que desgarra y devora? Hay un duro combate. ¿Esta cola que barre un tercio de las estrellas del cielo y las precipita sobre la tierra, no es un signo de victoria? El signo de ese recién nacido, arrebatado hacia el Trono de Dios para escapar del dragón. ¿Es Jesús, el “recién nacido” la mañana de Pascua? ¿Pero no es también hijo de Dios todo bautizado, rescatado y salvado?

Y luego está también El signo de esta mujer que huye al desierto: “el desierto, entre otros, es el refugio tradicional de los perseguidos, es el lugar secreto y sereno donde se ofrece la protección divina” (J. Pablo II).

 

Reflexión para nuestra vida

 

La liturgia cristiana nos ofrece este pasaje de la Escritura el día de la fiesta de la Asunción, porque María es la primera en beneficiarse del triunfo de su Hijo.

Para los primeros cristianos que engendraban el mundo nuevo en el dolor y la persecución, este texto anunciaba la victoria. Y para nosotros, en el combate espiritual contra el mal, está lleno también de promesas reconfortantes. Su papel, lejos de dar miedo, es darnos la certeza de que nada puede destruir a Cristo y la fe en El.

Juan Pablo II enseñaba: “María, su Hijo y la Iglesia representan la delicadeza, la pequeñez aparentes del amor, de la verdad y de la justicia”. “Contra ellas se desencadena la monstruosa energía devastadora de la violencia, de la mentira y de la injusticia”. Efectivamente, sabemos cuánto le cuesta a la Iglesia engendrar a sus hijos. Somos conscientes de nuestras dificultades y combates contra el mal para permanecer fieles. Si vemos en esta mujer que da a luz a María, Madre de Cristo, la Madre de la Iglesia y nuestra Madre, es hacia ella, nuestro modelo, hacia quien debemos mirar para ver a Jesús y comprender el sentido de nuestra misión en la tierra. Contemplando a la Virgen en su Asunción a los cielos, podremos degustar por adelantado la gloria que nos será dada al fin de los tiempos.

 

Oración de alabanza e intercesión

 

1.     Alégrate, María, predilecta de Dios. con Jesús ascendido a la gloria, tómanos en los pliegues de tu manto de luz. OREMOS.

2.     Alégrate, María, tú que invitas a cada una de nuestras familias a vivir en la confianza. Concédeles que la fuente de toda vida sea dar gracias a Dios. OREMOS.

3.     Alégrate, María, la humilde sierva, Enséñanos a vivir nuestros compromisos como el Espíritu nos los inspira. OREMOS.

4.     Te pedimos por los que sufren, por las madres que pierden a su hijo, por las que tienen un hijo enfermo, preso o condenado. OREMOS.

5.     Con todos los hombres portadores de esperanza y los peregrinos reunidos para celebrar tu Asunción, alégrate, María: “¡Grande es el Señor!” OREMOS.

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NOVENA A Nª Sª DEL PILAR

DIA 8º

Escuchamos la palabra de Dios

Eclo.39, 8-15  (lecc. V pág. 48)

Evangelio de San Mateo (5, 14-16).

 

          “Vosotros sois la luz del mundo. No se puede esconder una ciudad edificada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de una mesa; se la pone en un candelero y brilla para todos los que están en la casa. Del mismo modo, que vuestra luz ilumine a todos los hombres: así, viendo vuestras buenas obras, darán gloria a vuestro Padre que está en los cielos”.

 

Invocación a María

 Virgen María, en Nazaret has vivido una vida humilde, escondida, y así trajiste la Luz del mundo. Guíanos en toda nuestra vida y sé nuestro modelo.

 María, tú eres la estrella brillante que nos guía hacia tu Hijo; ayúdanos a tomar conciencia del tesoro que llevamos cuando acogemos a Jesús.

 

El anuncio del Reino

 

 Alegrémonos de volver a encontrarnos hoy en este templo, en presencia de la Virgen del Pilar, para encontrarnos con Cristo y dejarnos iluminar por su Palabra.

 

Reflexión acerca del misterio

 

 En los versículos que preceden al Evangelio de hoy, Jesús en la montaña acaba de proclamar las Bienaventuranzas: un programa de vida que conduce al Reino.

 La luz viene de Dios y acompaña todas sus obras. Cristo, viniendo a este mundo es la verdadera luz que alumbra a todo hombre. Pero en este pasaje del Evangelio Jesús no dice: “yo soy la luz del mundo” como en el capítulo 8, v. 12. Aquí dice: “Vosotros sois la luz del mundo”.

 Dios es luz, todos los hombres están destinados a ser transfigurados por la luz de Cristo. Jesús encomienda a la Iglesia transmitir su luz, no guardarla. Este es el misterio de la Iglesia: ser “signo luminoso” puesto en medio de la humanidad.

 ¿Qué significa “ser luz”? La función de la luz es alumbrar. Alumbrando las tinieblas se muestra el camino. Jesús invita a sus discípulos a seguirle. Los discípulos reunidos en torno a Jesús son “luz del mundo”. Sabemos que ellos no eran ni sabios ni personas más inteligentes que nosotros mismos.  Habiendo recibido el don de la fe, han aceptado estar junto a Cristo para llevar su Buena Nueva: “luz para el mundo” y construir el Reino de Dios.

 

 Reflexión para nuestra vida

 

La Iglesia comunica esta luz al cristiano por el bautismo. Por la gracia recibida en el bautismo, con Jesús, somos oasis de luz. Tiene tal importancia, que no podemos guardarnos la luz para nosotros mismos, “la ponemos en el candelero y brilla para todos los que están en la casa”. Debe propagarse a todos  los hombres. El discípulo no vive para sí, vive al servicio de los demás.

 Por nuestro bautismo, tenemos pues una gran responsabilidad: dar gratuitamente la luz de la verdad que gratis hemos recibido. Hemos sido elegidos por Cristo, nuestra lámpara alumbra en su nombre.

 No tenemos luz propia, no hacemos más que reflejar la luz de Dios. Sólo por nuestra unión con Dios podemos irradiar su luz. De esta unión emanan las buenas obras: “Entonces, viendo vuestras buenas obras, darán gloria a vuestro Padre que está en los cielos”. La gloria vuelve a Dios. Todos los que dan gloria a Dios se inscriben en la inmensa multitud que constituye la Iglesia. María ha brillado más que cualquier estrella, aun no siendo ella fuente de luz. También ella ha reflejado la luz de su Hijo.

 

 No debemos interrumpir la cadena de luz. ¿Cómo aceptamos esta responsabilidad? ¿Cómo la vivimos? Es la Iglesia, inmensa multitud, que se perpetúa así a través de los siglos. Nos precede la luz de Dios y somos llamados a la gran luz del Reino. Este es el misterio luminoso del anuncio del Reino.

 Para dar testimonio de nuestra fe en Cristo a pesar de las dificultades ¿pensamos en pedir ayuda a la Iglesia invisible, la de los santos que están hoy en la gran luz del Reino? ¿Creemos verdaderamente en la “comunión de los santos” y recurrimos a la ayuda de estos hermanos y hermanas en la fe que han vivido las mismas dificultades que nosotros? ¿Es la Virgen María nuestro candelabro, la linterna que nos hace ver a Cristo camino, verdad y vida? ¿Es ella la Reina del Cielo y de nuestra casa?

 

Oración de alabanza e intercesión

 

1. Señor, danos la gracia de saber ponernos en tu presencia, de saber rezar. Danos la gracia de la oración, este “comercio íntimo donde se trata a solas con ese Dios por el que uno se siente amado” (Santa Teresa de Ávila). OREMOS.

2. Toda la naturaleza nos habla de ti, Señor. Como la planta tiene necesidad del sol para vivir y desarrollarse, también nosotros tenemos necesidad de tu luz. Gracias por derramarla tan generosamente a través de la Iglesia en los sacramentos de tu amor. OREMOS.

3. Señor Jesús, nuestro mundo vive a menudo inmerso en las tinieblas, sumido en las dudas, en la desesperación por los males que lo acechan: contigo nos volvemos hacia el Padre que quiere la felicidad de todos los hombres y por ellos te pedimos. OREMOS.

4. Señor Jesús, en la hora de la muerte nos diste a María, tu madre. Ella se ha aparecido en todos los continentes y todos los videntes han testimoniado su inexpresable belleza, la luz que emana de todo su ser. Con toda confianza le pedimos que acuda en ayuda de todos los hombres. OREMOS.

5. Virgen María, te damos gracias por los agentes de pastoral de la Parroquia de Calanda, ayúdales a ser signos de la presencia del Reino de Dios en la tierra. OREMOS.

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NOVENA A Nª Sª DEL PILAR

DIA 9º

Escuchamos la palabra de Dios

San Pablo a los Filipenses, 4, 4-9 (lecc. V pág. 421)

Mt.11,25-30  (lecc. V pág. 429)

 

Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. Que todo el mundo note lo comprensivos que sois. El Señor está cerca, no os agobiéis por nada; en lo que sea, presentad a Dios vuestras peticiones con esa oración y esa súplica que incluyen acción de gracias; así la paz de Dios, que supera todo razonar, custodiará vuestra mente y vuestros pensamientos mediante el Mesías Jesús.

Por último, hermanos, todo lo que sea verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo limpio, todo lo estimable, todo lo de buena fama, cualquier virtud o mérito que haya, eso tenedlo por vuestro; y lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis de mí o en mí, eso llevadlo a la práctica; así el Dios de la paz estará con vosotros.

 

Invocación a María

 

Virgen María, bienaventurada Madre de Dios,  en veinte siglos habéis recibido miles de nombres y títulos que prueban un verdadero amor hacia vos.

Santa Teresita del Niño Jesús ha sabido decirlo, pero muchos han comprendido que vos, María,  nos amáis como Jesús nos ama: totalmente.

¡Vos nos amáis con ternura! Vos habéis dado vuestra vida y vuestro corazón de madre por nosotros. Por este amor todos te damos gracias.

Hoy te saludamos, María, madre nuestra, nuestra Señora del Rosario, Reina de la Paz, y os confiamos nuestro encuentro en esta novena y nuestra oración. Preparadnos a acoger la voluntad del Padre.

Estad alegres, “Podéis ir en paz”

 

Reflexión acerca del misterio

 

San Pablo está en la cárcel cuando envía esta carta familiar y cordial a una comunidad querida para él. Se siente responsable de aquellos a los que ha llevado la Buena Noticia. Multiplica palabras de ánimo y consejos para que cada uno sea fiel al Evangelio de Jesús.

“Estad alegres” repite San Pablo. Emplea el imperativo: no es un consejo, es una orden. Es tanto más sorprendente que acaba de recordar a los filipenses que han tenido que sufrir por Cristo, que han sido perseguidos a causa de su fe. (Fil. 1, 29).Nos recuerda a Jesús diciendo a sus discípulos: “Os he dicho eso para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea perfecta”, cuando sabía las horas dolorosas que iba a vivir.

¿Por qué la alegría del Señor? Porque está próximo. La relación con él debe ser íntima, confiada, y en toda circunstancia. La paz de Dios será la consecuencia de una oración o peticiones y acciones de gracias. “Por favor” y “gracias”, están constantemente unidas.

Esta paz sobrepasa la inteligencia y la imaginación, guarda los corazones y los pensamientos, preserva del temor y la angustia. Es la Paz de Dios: un Dios próximo porque nos ama, y para quien “a cada día le basta su dificultad”.

Para San Pablo los cristianos no deben inquietarse ante las dificultades. Su serenidad, su bondad, son a los ojos de todos una prueba de la proximidad de Dios y de su fe.

El programa que propone el apóstol es también una invitación a construir la comunidad según la voluntad de Dios. Para ello hay que practicar los valores humanos, de verdad, de nobleza de corazón, de pureza, de justicia. Entonces se da la verdadera paz. Es suficiente acogerla, y para ello poner en práctica la enseñanza de Pablo. Ha dado ejemplo y ha enseñado tanto con sus palabras como con sus hechos. Habla desde la experiencia. Está en la cárcel y ha sufrido otras muchas pruebas: hambre, sed, frío, flagelación, lapidación y naufragio.

Para dar más peso a su exhortación, San Pablo engancha allí una gran promesa: “El Dios de la paz estará con vosotros”: jamás estarán solos, Dios se quedará a su lado.

 

Reflexión para nuestra vida

 

Por el bautismo nuestra vida está definitivamente asociada a la de Jesús. La misma fe, la misma esperanza, el mismo amor, nos unen. Si estar alegres es una prueba de confianza en Dios, eso muestra también la responsabilidad que incumbe a los cristianos de dar testimonio de su dicha.

Jesús está aquí, presente entre nosotros reunidos en su nombre. ¿Estamos contentos por ello? ¿Su palabra es un consuelo capaz de disipar nuestras penas, nuestros pesares, nuestras inquietudes?

Por tanto, si pedimos a Dios cuando nuestro corazón está inquieto, ¿no es porque Jesús mismo nos ha enseñado a pedir, buscar, llamar? ¿No es una prueba de la confianza en sus promesas? ¿Un signo de nuestra esperanza?

Si estamos radiantes de alegría somos, según la voluntad de Jesús, luz del mundo, y de manera discreta y eficaz nuestra vida puede ser una respuesta para los que buscan la felicidad. ¿Qué os parece?

¿No es en el silencio de nuestros corazones, en la oración que nos une a Dios, donde Jesús nos da su paz, nos deja en paz, nos une? Esta paz que permite a los corazones no estar asustados ni desanimados.

La Virgen María es para nosotros la figura ejemplar de ternura y dulzura. Es el modelo de todo lo verdadero y noble, justo y puro, digno de ser amado y honrado, todo lo que se puede llamar virtud y merece recibir elogios.

Meditando los Misterios de su vida con Jesús nos guía para vivir momentos gozosos y dolorosos que se suceden en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestros grupos.

 “María nos sorprende”, afirma el Papa comentando el Magnificat: “su cuerpo es transparente, totalmente abierto a la luz de Dios… María reconoce la grandeza de Dios. Así es el primero e indispensable sentimiento de la fe; el sentimiento que da su seguridad a la criatura humana y la libera del miedo…”

A ejemplo suyo ¿revivimos en nuestros corazones las maravillas que Dios ha hecho en nosotros? Esto nos ayudará a dar gracias por los beneficios que ya hemos recibido, incluso si fueron inesperados. Con ella podremos entonar un canto de alabanza al Señor.

Oración de alabanza e intercesión

 

1. Señor Jesús, danos la paz y la alegría que necesitamos para vivir la fe, la esperanza y el amor que nos has enseñado. OREMOS.

2. Te damos gracias por los que nos han dado ejemplo de ello. Bendícelos. OREMOS.

3. Haz que nos amemos, amemos nuestra parroquia, nuestra Iglesia, para que todos reconozcan que somos tus discípulos. OREMOS.

4. Inspíranos las palabras, las reflexiones, los textos, los testimonios que puedan aportar la verdadera dicha. OREMOS.

5. Virgen del Rosario, reina de la paz, apóyanos y guíanos para que vivamos la alegría, la unidad y la paz en la Iglesia, en la Parroquia, en familia y en nuestros lugares de trabajo. OREMOS.

 

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Parroquia de Nuestra Señora de la Esperanza, Calanda

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